La leyenda brasileña explica por qué los participantes en la Copa Mundial de la FIFA 2026 deben ser implacables en la búsqueda de ventajas competitivas en la fase final mundial.
Dunga capitaneó a Brasil hasta la gloria en la Copa Mundial de Estados Unidos 1994.
Explica a la FIFA por qué una preparación minuciosa es la clave del éxito.
“El precio que hay que pagar por levantar ese trofeo es enorme”, señala.

Por: Redacción
Zurich, Suiza, 2 de febrero de 2026.- El calendario oficial de la Copa Mundial de la FIFA 2026™ señala como partido inaugural del torneo el México-Sudáfrica que se celebrará en Ciudad de México. La expectación entre los aficionados es enorme y los jugadores no deben permanecer ajenos, sino más bien asumir que el certamen ya ha comenzado. Eso es al menos lo que aconseja Dunga, capitán de la selección brasileña que levantó el trofeo en 1994, a quienes sueñan con alzar el título el 19 de julio, fecha en que saldremos de dudas respecto a la identidad del campeón.
El itinerario que espera a todos los aspirantes, a falta de disputarse algunas eliminatorias de repesca, está pues prácticamente marcado. El antiguo volante defensivo, con la experiencia que le otorga su triunfo de hace tres décadas, así lo explica a la FIFA: “Cuando un país gana un Mundial, es porque ha hecho cosas diferentes a los demás. Los partidos se ganan desde antes incluso de los entrenamientos, en la preparación técnica”.
Inmediatamente después del sorteo de los grupos comienza la fase de análisis, de preparación específica e inmersión en los pormenores que pueden marcar la diferencia. Dunga recuerda cómo su selección supo transformar la información obtenida de todo ello —y que entonces no abundaba— en valiosos conocimientos.
“Todo el mundo dice que antes no se analizaba, pero nada más lejos de la realidad. Había análisis, aunque se tardaba en poder hacerlos —cuenta—. Primero había que esperar a que transmitiesen los partidos por televisión y luego el cuerpo técnico —[el seleccionador] Carlos Alberto Parreira, [su asistente] Zagallo y [el coordinador] Américo Faria— organizaba los análisis de cada rival”.
La situación en 2026 es radicalmente distinta, ya que se dispone de un ingente repertorio de vídeos y datos sobre cada una de las 48 selecciones que van a disputar la gran cita, al que todas ellas pueden acceder sin ningún problema. No obstante, se mantiene la misma lógica. Hay más recursos, pero deben buscarse de modo constante los que mejores resultados puedan deparar.
La información vale su peso en oro
Dunga recuerda su época con orgullo. Un aspecto muy importante eran las conversaciones, incluso las que se mantenían durante las comidas que compartía el equipo. También es cierto que la incipiente globalización del fútbol ya ayudaba un poco. Los datos que aportaban los brasileños que estaban en Europa eran fundamentales. “A la hora de cenar me sentaba con todos los jugadores, que competían en distintos países, y comentábamos las características y el estilo de los adversarios”, recuerda.
Los datos que se aportaban no eran solo de índole técnica, sino que incluían el perfil psicológico de cada jugador. “Eso nos ayudó a ir un paso más allá”, confiesa. En la actualidad, la abundancia de datos e imágenes da a las selecciones acceso a prácticamente todo lo relativo a sus oponentes. Dunga considera que la dificultad ya no estriba en conseguir información, sino en saber filtrarla.
“Antes no había vídeos, solo fotos y diapositivas, pero no parábamos de analizarlas. Hoy en día hace falta criterio para no perderse entre el exceso de material”, observa. En este sentido, el sorteo sigue representando el punto de partida del Mundial: es el momento en que se establece el plan de preparación, ya sea con pocos recursos o con tecnología punta.
La clave del éxito
Sin embargo, del análisis táctico a su aplicación dentro del terreno de juego hay un gran trecho. Conocer al rival supone únicamente el primer paso y los siguientes son igual de decisivos. Aquí entran los elementos sobre los que, en opinión de Dunga, se sustenta el éxito de cualquier campaña victoriosa y que pasan por una preparación continua.
“El análisis no sirve de nada si no se consigue trasladar a la práctica lo aprendido. Hay que mejorar cada día”, afirma. El Mundial no deja margen para la improvisación: todos los partidos son decisivos y cada error puede equivaler al adiós al torneo. Por ese motivo hay que extremar la atención a la hora de interpretar la información que se recopile.
Otro aspecto es la mentalidad. Dunga insiste en que ganar un Mundial exige fortaleza psicológica. “Va a ser difícil para todos, pero quien quiera ser campeón del mundo tendrá que imponerse a los demás”, dice.
Recalca que no existe ningún camino fácil y es imprescindible saber hacer frente a cualquier adversario y a la presión que entraña representar a todo un país, algo que requiere igualmente disciplina. “Para poder levantar el trofeo lo más importante es la entrega colectiva. Conlleva un gran sacrificio, pero vale la pena”, afirma.
Los jugadores tienen que darlo todo, sin reserva alguna. «Son 30 días en los que hay que abstraerse del mundo. Voy a decir algo que a mucha gente no le gusta oír, pero hay que olvidarse de todo, incluso de la familia, y centrarse en el trabajo», advierte.
Victorias colectivas, frutos individuales
Dunga está convencido de que lo que diferencia a los campeones de los meros candidatos al título es precisamente esa entrega total. El capitán de la selección que dio a su país un cuarto título mundial no tiene ninguna duda: lo que garantiza que se cuide hasta el más mínimo detalle es la unión, algo que puede inclinar la balanza en este torneo. Y resume su filosofía en una frase que repite a menudo: “Victorias colectivas, frutos individuales”.
El título es fruto de un esfuerzo colectivo que trasciende a los propios jugadores y empieza con los análisis previos que hemos mencionado, que en el caso de los participantes en la edición de 2026 deberían estar ya en marcha.
“Toda la estructura tiene que aunar esfuerzos. No basta con estar en el mismo barco. Todos tienen que remar en la misma dirección —recalca—. Son 30 días en los que se puede ganar algo que no se repetirá en la vida”.
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