Investigadora del Cinvestav Mérida lidera un proyecto que busca reducir el impacto ambiental y el costo de las celdas solares orgánicas mediante análisis de ciclo de vida y simulación de escenarios.

Por: Redacción
Ciudad de México, 23 de junio de 2026.- Ante la necesidad de reducir el impacto ambiental de las ciudades, la arquitectura sostenible ha apostado por el desarrollo de soluciones que integren la generación de energía sin comprometer el diseño de los espacios. En este contexto, las celdas solares orgánicas emergen como una alternativa innovadora por su versatilidad, ya que pueden fabricarse en distintos colores, ser flexibles y adaptarse a superficies como ventanas o fachadas.
En respuesta a este reto, un grupo de investigación del Cinvestav Mérida desarrolla un proyecto enfocado en el ecodiseño de celdas solares orgánicas. La investigación, encabezada por Magaly Ramírez Como, investigadora del Departamento de Física Aplicada del Cinvestav, busca optimizar todo el proceso de fabricación de estos dispositivos mediante herramientas como el análisis de ciclo de vida, la simulación de escenarios y la optimización multiobjetivo.
“Una de las preguntas más frecuentes es cuánto cuesta fabricar una celda solar, pero también es importante saber cuánto contamina producirla y la energía que consume. Eso es justamente lo que buscamos responder”, explicó Ramírez Como.
Las celdas solares son dispositivos semiconductores que transforman la energía del sol en electricidad a través del efecto fotovoltaico, y aunque las más comunes están hechas de silicio, existen tecnologías emergentes como las celdas solares orgánicas, constituidas con polímeros o moléculas de carbono.
Este tipo de celdas tienen diversas aplicaciones: integración en ventanas semitransparentes, donde pueden generar electricidad sin bloquear completamente la luz natural; en interiores con el fin de alimentar sensores electrónicos con luz artificial; y en invernaderos, con la posibilidad de colocarse en techos transparentes para producir energía sin afectar la fotosíntesis de las plantas.
Los dispositivos que fabrica el equipo encabezado por Ramírez Como, en colaboración con Fernando Morales Mendoza, de la Universidad Autónoma de Yucatán, y Luis Martín Reséndiz Mendoza, del Instituto Politécnico Nacional, tienen dimensiones pequeñas, con sustratos de aproximadamente 1.5 centímetros por lado que, en condiciones de laboratorio, alcanzan eficiencias cercanas al nueve por ciento.
Sin embargo, como parte de un proceso gradual, se pretende escalar su tamaño, lo que representaría enfrentarse a retos relacionados con su eficiencia, estabilidad y escalamiento.
En cuanto a las ventajas en términos ambientales, estudios previos indican que las celdas solares orgánicas tienen beneficios frente a las tradicionales de silicio, ya que requieren menos tiempo para compensar la energía utilizada en su fabricación y generan menores emisiones de dióxido de carbono.
Por ejemplo, mientras una celda de silicio puede tardar más de un año en recuperar su huella energética, una orgánica puede hacerlo en apenas unos meses, lo que refuerza su potencial como alternativa sustentable.
Al contar con la información referente a la efectividad de los materiales utilizados, costos, el consumo energético y las emisiones de gases de efecto invernadero, el equipo de investigación espera en breve identificar las fases del proceso que requieran ajustes para su optimización.
“Este proyecto lo desarrollamos dentro de la Red ECOS Yucatán, una plataforma que incentiva la colaboración interinstitucional entre la academia, la iniciativa privada, la sociedad civil y el gobierno. Lo que significa que es la oportunidad ideal para que, desde Cinvestav, podamos contribuir al desarrollo sustentable de Yucatán”, puntualizó Ramírez Como.
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