El Calupoh: entre el misticismo del lobo y la ciencia moderna de la UNAM

A diez años de su reconocimiento como la tercera raza canina de México, especialistas señalan que aún falta profundizar en la genética y comportamiento de este perro de origen prehispánico.

Por: Redacción

CIUDAD DE MÉXICO, 3 de agosto de 2026.- A una década de haber sido declarado oficialmente como la tercera raza de perro mexicano, el Calupoh continúa siendo un enigma biológico y de comportamiento que la ciencia busca comprender a fondo.

De acuerdo con Raúl Valadez Azúa, titular del Laboratorio de Paleozoología del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, todavía quedan por detallar los esquemas anatómicos, fisiológicos y de interacción humana de este singular canino.

A diferencia de la creencia popular que lo sitúa como un perro de guardia y protección, el especialista de la UNAM aclara que se trata de un animal de compañía muy reactivo. Al conservar un fuerte instinto de lobo, suele rehuir el contacto con personas ajenas y solo se muestra cómodo con quienes identifica como miembros de su manada o núcleo familiar. Por ello, lograr el temperamento deseado —que combine la resistencia y lealtad del lobo con la docilidad de un perro doméstico— exige un trabajo constante de socialización.

Para comprender mejor su condición genética y su equilibrio entre perro y lobo, los investigadores planean realizar análisis de ADN, respaldándose en una tradición histórica que se remonta a la época prehispánica.

Raíces ancestrales en el Templo Mayor

El proyecto contemporáneo para rescatar y consolidar al Calupoh tiene sus bases en hallazgos arqueológicos de híbridos de lobo y perro (loberros) con una antigüedad de entre 700 y 1,100 años. El caso más representativo se descubrió en 1978 junto al monolito de la Coyolxauhqui, en el Templo Mayor, donde se hallaron los restos de un ejemplar de 700 años de antigüedad dentro de una ofrenda sagrada, acompañado de águilas reales, un cocodrilo y conchas marinas.

Tras minuciosos análisis anatómicos encabezados por la investigadora Alicia Blanco Padilla y continuados por Valadez Azúa, la comparación de decenas de cráneos y mandíbulas reveló diferencias clave en la morfología craneal y el desarrollo óseo respecto a los lobos puros, confirmando la existencia de la hibridación.

En el México antiguo, esta mezcla se lograba mediante una práctica deliberada: llevar hembras en celo al monte para que convivieran y se cruzaran con lobos silvestres. Esta tradición ancestral no solo tuvo un profundo significado ritual para las culturas prehispánicas, sino que sirvió como fundamento cultural y científico para que, siglos después, se impulsara el reconocimiento del Calupoh como patrimonio canino de México.

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