Un análisis isotópico a restos óseos demuestra que los habitantes de comunidades alejadas en el Petén consumían una oferta alimenticia más variada que las élites de las grandes urbes.

Por: Redacción
MÉRIDA, Yucatán, 23 de julio de 2026.- La alimentación de las civilizaciones antiguas es una ventana directa para entender no solo sus costumbres, sino también su estructura política, social y la manera en que hicieron frente a crisis ambientales y económicas.
Un reciente estudio multidisciplinario publicado en la prestigiosa revista PLOS One ha revelado importantes diferencias en la dieta de las comunidades mayas que habitaban zonas periféricas en comparación con los grandes centros urbanos del periodo Clásico.
La investigación contó con la participación de especialistas del Cinvestav Mérida, la Universidad Autónoma de Yucatán, la Universidad de San Carlos de Guatemala y la Universidad de Nuevo México. Mediante el uso de espectrómetros de masa de relación isotópica, el equipo analizó colágeno de huesos y carbonato del esmalte dental de antiguos habitantes de la región del Petén, en la actual Guatemala.
Los análisis de isótopos estables de carbono, nitrógeno y oxígeno permitieron rastrear los insumos consumidos en la época. Aunque el maíz se mantuvo como la base fundamental del sustento, tal como en todo Mesoamérica, los datos revelaron que las poblaciones de la periferia gozaban de un consumo de proteína y vegetales mucho más diversificado. Mientras las grandes metrópolis dependían de una dieta más uniforme y controlada, las comunidades rurales complementaban su nutrición con animales de caza como el venado común, el venado temazate, iguanas y pequeños roedores.
Gloria Ivonne Hernández Bolio, investigadora del Cinvestav Mérida y coautora del estudio, explicó que este patrón refleja una organización social similar a la de las sociedades modernas. Las regiones periféricas operaban como centros agrícolas que enviaban la producción principal de cosechas hacia las urbes, mientras que sus pobladores locales aprovechaban los recursos de su entorno inmediato para diversificar su propia mesa.
El trabajo combinó la química de materiales con la bioarqueología, la geología y la epigrafía, permitiendo contrastar la evidencia biológica con representaciones y textos jeroglíficos que ya daban cuenta del gusto maya por platillos elaborados, como los tamales de venado o iguana.
Este avance científico no solo ofrece nuevas respuestas sobre la resiliencia de la civilización maya, sino que también destaca la importancia de los convenios institucionales de acceso abierto que permiten a los centros de investigación mexicanos dar visibilidad internacional a sus hallazgos.
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