Investigadores del Cinvestav y la UNAM utilizaron fibras ópticas para recrear en un laboratorio el fenómeno teórico de la radiación de Hawking mediante el uso de fotones individuales.

Por: Redacción
CIUDAD DE MÉXICO, 24 de julio de 2026.- El misterio de los agujeros negros dio un giro decisivo en 1974, cuando Stephen Hawking propuso que estos objetos cósmicos podían emitir radiación cerca de su horizonte de eventos debido a efectos cuánticos. Tras más de cinco décadas de ser un concepto prácticamente imposible de medir en el espacio, una colaboración científica mexicana ha logrado corroborar esta teoría de manera análoga dentro de un laboratorio.
El hecho histórico fue desarrollado por equipos del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en colaboración con el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese).
Los detalles de esta investigación fueron publicados recientemente en la prestigiosa revista Nature Communications bajo el título Measurement of analogue Hawking radiation stimulated by a single photon.
Para replicar las condiciones de un agujero negro, los científicos emplearon fibra óptica de cristal fotónico (PCF). A través de un proceso cuántico denominado mezcla espontánea de cuatro ondas, lograron generar pares de fotones donde uno actúa como anuncio del otro. Al hacer interactuar una de estas partículas de luz con un pulso luminoso intenso dentro de la fibra, crearon un horizonte de eventos óptico. Cuando el fotón ingresó a esta frontera, estimuló el proceso análogo de Hawking y generó un nuevo fotón con una frecuencia distinta.
David Bermúdez Rosales, investigador del Cinvestav y titular del proyecto, confirmó que las mediciones de correlación entre fotones mostraron que la radiación producida conserva las propiedades de un solo fotón, demostrando que el fenómeno ocurrió en un régimen verdaderamente cuántico.
Por su parte, Rodrigo Felipe Elizarrarás, posdoctorante en la UNAM, resaltó el valor estratégico de este avance. Ante la imposibilidad práctica de medir la radiación directamente en agujeros negros espaciales, desarrollar esta tecnología análoga permite poner a prueba hipótesis físicas fundamentales que antes solo existían en el papel.
El logro técnico se sostuvo en la infraestructura de vanguardia de la UNAM, como los detectores superconductores de nanoalambres explicados por Alfred U’Ren Cortés, así como en el análisis de la fibra óptica realizado por Karina Garay Palmett, del Cicese.
A diferencia de experimentos previos en el mundo que empleaban señales de luz clásicas o intensas, el trabajo del equipo mexicano es pionero al utilizar un fotón individual. Este avance no solo posiciona a las instituciones nacionales en la vanguardia internacional de la gravedad análoga y la óptica cuántica, sino que demuestra el alcance del talento y la infraestructura científica construida en México.
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